«Con el desalojo fuimos doblegados pero no derrotados»

Por Gisela Díaz

Dana Vandermey es militante del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE). Participa en varias ramas de esa organización realizando tareas de planificación, de seguimiento de las actividades en comedores y en merenderos que funcionan en barrios populares en la ciudad de Córdoba y forma parte del Frente Patria Grande. Como parte de su actividad militante, Vandermey se mantuvo al lado de los integrantes del Proyecto Artigas en Entre Ríos y permaneció junto a ellos y a Dolores Etchevere, hasta el desalojo.

-Te acordás ¿cuándo fue la primera vez que escuchaste hablar del Proyecto Artigas? ¿Cómo llegaste a participar en ese espacio? ¿Cómo fue tu viaje hasta allá?

-Unas semanas antes de viajar y que el conflicto se hiciera público, un compañero, “Conejo”, viajó junto con otros compañeros a Entre Ríos. Nosotros estábamos al tanto de que se trataba de un proyecto vinculado al desarrollo del MTE- Rural, pero no sabíamos y no teníamos idea de la envergadura y el impacto que iba a tener o tenía el proyecto. Después de que Dolores, junto al fiscal, entra y toma posesión de una de las casas que forma parte de la sucesión, los compañeros se quedan cerca de ocho días allí. En ese momento es cuando los hermanos de Dolores, los «Etchevehere corruptos» como ella los llama, convocan a  los sectores más conservadores y rancios de Entre Ríos a una marcha en las inmediaciones de la entrada de la estancia Casa Nueva. Las convocatorias transmitían un odio explícito entre quienes vieron afectados sus intereses de clase por un grupo de productores que junto a Dolores Etchevere, querían llevar a cabo un proyecto agro ecológico en una de las tierras que en teoría le pertenecen a ella. Cuando se convocó a esa marcha decidimos, desde las organizaciones cercanas al Proyecto Artigas, acercarnos para acompañar. Yo soy del MTE y también militante de Vamos (Coalición Cívica). Entonces fuimos con otros compañeros a Entre Ríos, en principio a acompañar, a hacer el aguante a un conflicto que iba a estar bastante complicado. Los datos que teníamos eran esos audios que eran terribles, entonces, el objetivo principal era cuidar a Dolores Etchevere y resistir con un proyecto con el que Dolores aún está totalmente convencida, y nosotros como organizaciones y los compañeros referentes del proyecto artigas, también.

-¿Qué tareas desarrollan dentro? ¿Cómo estaban organizados/as? Cómo era la convivencia dentro de Casa Nueva?

-Se armaron equipos de trabajo. En principio había un equipo que se dedicaba más a las tareas de producción que obviamente estaban bastante limitadas, ¿no?, porque estábamos en medio de un conflicto. Entonces no teníamos ni las herramientas ni las condiciones para profundizar con la línea más productiva del proyecto. Pero sí se avanzó con una huerta, se habían llevado gallinas ponedoras,  había un equipo que a cargo dividido en dos turnos de trabajo, uno a la mañana hasta el mediodía y otro por la tarde. Eran jornadas de tres horas. Había un grupo que estaba en huerta, otro grupo encargado de la limpieza del casco donde estábamos instalados, pero además del lugar en general, otro equipo se dedicaba a juntar leña, porque tuvimos un par de días gas natural, pero después cocinábamos y hacíamos todo a leña. Yo estaba en el grupo dedicado a la cocina. Había que  hacer el desayuno, el almuerzo, la merienda y la cena para todos los compañeros y compañeras que estaban en esos días en Casa Nueva. Los primeros días fue medio complejo porque no teníamos casi mercadería; después cuando logramos que nos dejaran entrar cosas, pudimos mejorar nuestra tarea. Y después obviamente estaban quienes conducían el proceso que estaban abocados a tareas de relaciones con la prensa, relaciones con todo lo que tenía que ver con lo legal, y el proceso judicial,  muy enfocados en eso, todo lo que tenía que ver con prensa y la difusión del proyecto en sí.

Había compañeros también que estaban dedicados en tiempo completo a la prensa y a la cobertura de todo lo que pasaba adentro de Casa Nueva. Eso también estuvo bueno porque también muchas de las cosas que se reproducían en los grandes medios de comunicación eran muy fáciles de refutar, con el registro más propio. La convivencia era un éxito. Éramos todos compañeros y compañeras que dedicamos nuestra vida a construir las diferentes herramientas sociales, gremiales y políticas para organizar al pueblo. Fue muy movilizante. Todo el tiempo hubo motivos para pensar, para dimensionar los efectos de lo que estábamos haciendo en ese momento, proyectar, intercambiar experiencias, debatir. En ese proceso nos formamos también. Hubo talleres de agro ecología con «Conejo», que estaba a cargo de estos talleres. La convivencia fue muy buena, Dolores siempre compartiendo con nosotros, con simpleza, con una cercanía que la hacía notar siempre y bueno. Fue muy amena y compañera la convivencia.

-¿Cuáles eran los ejes de trabajo del proyecto? ¿Habían pasos o etapas a seguir?

-Los ejes del proyecto tienen que ver con estas tres cuestiones que es verdad, justicia y reparación. En principio desenmascarar la distribución histórica que ha habido de las tierras en argentina y la desigualdad estructural que se genera en torno a eso. Visibilizar los conflictos de la tierra y la necesidad de repensar como en nuestro país y en América Latina en general, las tierras están en manos de pocos, y las ciudades totalmente estalladas, sobre pobladas, sin acceso a la viviendas, sin acceso a la alimentación, sin acceso a los servicios públicos. De repente, existen un montón de hectáreas de campo producidas dentro del modelo extractivista u ociosas, y un montón de gente que no tiene laburo. El debate expresado en otros proyectos tiene que ver con repoblar la Argentina, volver al campo y bueno que esa vuelta al campo plantee otra forma de vincularse con la tierra, con quienes producen, con quienes traen hace miles de años saberes y prácticas vinculadas al trabajo y a la producción con la tierra. Y ahí los campesinos, los pueblos indígenas, las campesinas y la agricultura como un modelo alternativo de producción que tiene que ver con todos estos horizontes y con esa realidad que en alguna medida queremos construir. El planteo en principio tiene que ver con generar ahí en Casa Nueva, en ese campo, una colonia productiva. Empezaron siendo 20 familias, después 50, después 100, familias de productores locales que tuvieran todos los saberes pero no la tierra para trabajar y vivir en ella. La idea es que allí pongan todos estos beneficios trae la producción sin veneno, sin agro tóxicos y sin la extracción desmedida de la tierra y de la destrucción del ambiente.

-¿Cómo fue el desalojo de la estancia?

-Ese día nos levantamos a las seis de la mañana. Yyo me levantaba a esa hora porque tenía que poner a calentar el agua para los mates, la jornada arrancaba a las siete. Todos hicimos nuestras tareas y a las 10 nos juntamos a escuchar el fallo de la jueza. El proceso empezó con el Juez Flores a quien desvincularon de la causa para que asumiera otra jueza. Habíamos escuchado el día anterior a todos los defensores de los Etchevehere que se suponía habían cometido actos de corrupción, y al abogado que defendía a Dolores. Realmente nos daba algunas esperanzas y expectativas. Cuando se esgrimieron los argumentos ahí y al otro día a las 10 de la mañana estábamos todos escuchando el fallo y fue totalmente devastador. No es que la jueza tomó un motivo, de los tantos que enunciaron los hermanos Etchevehere. Recogió, retomó y reafirmó todo lo que la defensa de los hermanos varones Etchevehere había expuesto el día anterior. Fue durísimo. El acuerdo fue que el desalojo iba a ser pacífico, habíamos estado toda la mañana viendo noticias de Guernica que había sido el mismo día más temprano, super movilizados con esa circunstancia, entonces después del fallo, cada uno empezó a juntar sus cosas, preparamos todo, ordenamos, limpiamos y esperamos. En un momento entran alrededor de 100 efectivos de la policía de Entre Ríos en sus camionetas, con rifles, con todos los escudos y nosotros todos en el pasto sentados, esperando que se lleve a cabo el procedimiento. Primero notificaron a Dolores quien se fue adentro de la casa para notificarnos a cada uno de nosotros. A uno por uno del desalojo. Nos escoltaron hasta los autos, nos revisaron las pertenencias, nos revisaron  los autos y nos escoltaron hasta la ruta. Dolores se quedó en la casa con algunas compañeras porque ella estaba decidida a quedarse. No quería irse y entonces se la llevaron detenida a la comisaría de La Paz. Ahí esperamos todos en un punto la liberación de Dolores que fue alrededor de la medianoche.

-¿Cuáles fueron las sensaciones que el Proyecto Artigas les dejó en el cuerpo?

-Por ahí nos sentíamos un poco derrotados o medio entristecidos por el desenlace. Todo el tiempo la idea y la sensación, lo que quedaba picando era que lo de Casa Nueva y lo de Entre Ríos había sido la semilla. Que en esos días habíamos podido poner en debate una cuestión que tiene que ver con el problema estructural de la argentina y de América Latina. Que la derecha y los poderes fácticos habían logrado doblegarnos en esa batalla pero que no nos habían derrotado. Durante los días que estuvimos ahí no pararon de llamar personas de distintas partes del país, bancando, queriendo llevar a cabo el Proyecto Artigas en sus lugares, en sus provincias y en sus pueblos. Esto recién empieza.

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