“En un hogar de docentes con hijos escolarizados hubo muchas escuelas”

 

Por Lucas Ochoa S.

 

Norma Schafer, de 41 años, es preceptora en dos colegios de Cosquín, la Escuela Especial Reyes Contreras y el I.P.E.M. N° 157 “Presidente Sarmiento”, ambas de nivel secundario. En diálogo con El Aspirante cuenta cómo fue la vida educativa durante la pandemia, sus funciones, y cómo la virtualidad paso a formar parte de su vida las 24 horas del día, los siete días de la semana.

Se levanta temprano, alrededor de las 8 de la mañana, riega las plantas, toma dos mates (contados) y activa el teléfono. Muy posiblemente va a tener veinte mensajes de alumnos noctámbulos que le escribieron la noche anterior, y el saludo de los buenos días de la directora en el grupo de preceptores, dando inicio a la jornada. A partir de ahí, enciende la computadora, activa el WhatsApp Web, ya que su hija usa el teléfono en esas horas, y ella no puede estar desconectada en ningún momento.

Norma pasa a relatar sus tareas en el secundario Presidente Sarmiento, como si de una lista de compras se tratase: Recibir las actividades en formato pdf de los profesores, enviársela al grupo de estudiantes, verificar que las lean todos, verificar que el profesor mande el pdf a la fotocopiadora para aquellos estudiantes que no tienen conectividad y tienen que hacer las actividades en papel, recibir en más de una ocasión los trabajos realizados y enviárselos al profesor, llevar el control de los estudiantes que no están vinculados, llamarlos, llamar a los padres, llevar el control de que presenten los trabajos, responder dudas a profesores y a alumnos.

Define su rol y el de otras preceptoras y preceptores, como de mediadores entre la dirección, los profesores y los estudiantes. Además, realizan reuniones de personal una vez por semana, con los directivos y los profesores. “Según el acuerdo Institucional, en la escuela Sarmiento, mi horario de activación seria de 13.30 a 18.30, lo que me obliga muchas veces a estar comiendo con el teléfono”, cuenta.

Además de todas estas tareas, cumple su rol como preceptora en la Escuela Especial Reyes Contreras, donde cuenta que, junto a otras compañeras y por iniciativa propia, repartieron bolsones de comida, y realizaron vídeo llamadas de apoyo escolar a alumnos que estaban desvinculados. Comenta también que en esta escuela vivió muchos momentos de disfrute en esta nueva forma de dar clases, cuando les toco la organización de actos virtuales, editando vídeos, buscando información, y a veces actuando. Volvían a ponerse el guardapolvo para cantar el himno, y compartían un espacio de encuentro con los chicos, en donde más allá de la situación de aprendizaje, podían volver a escucharlos, volver a verlos, y todo terminaba en un momento recreativo a través de las computadoras o celulares.

Sobre cómo se vive este último mes de clases, dice que, aunque este 16 de noviembre es la última fecha de entrega para trabajos prácticos, este ciclo lectivo finaliza recién el 31 de marzo del próximo año. Las últimas semanas realizó reuniones casi a diario con profesores, directivos, buscando acordar las fechas finales y tratando de que ningún estudiante y ningún docente quede sobrecargado, entregando los últimos trabajos integradores o recuperatorios, estudiando la plataforma que creó la escuela para realizar los informes, recibiendo llamados a diario de estudiantes que no estuvieron vinculados en todo el año y aparecieron ahora, y esperando que todos los profesores carguen en tiempo y forma las notas finales para poder hacer el informe y enviárselo a los padres. Otro tema que estaba dentro de la agenda, era la presencialidad y la vuelta a las aulas, que nos cuenta que se debate desde agosto, y que algunos preceptores recibieron la orden de hacer las llamadas “aulas burbujas” para presentar la evidencia al Ministerio y que ellos aprobaran o no la asistencia a clases. Luego del pico de casos de COVID-19 en Córdoba, la idea se descartó, pero nunca les quedo totalmente claro que iba a suceder. “Luego de este pico en agosto, se confirmó que las clases no volverían hasta el año que viene, pero con los discursos y contra discursos del gobierno, había que estar alerta a una posible vuelta a clases”, dice. Con la confirmación de que este año no volverán a las aulas, comenta que el debate actualmente está en el mes de febrero. A raíz de esto, cuenta que “es incierto para aquellos chicos que no estuvieron vinculados por problemas de conectividad”, ya que “no les podés prometer que el año que viene va a mejorar la situación educativa”.

Para Norma, la clave de la docencia en esta pandemia fue “empatizar con el alumno”. “Creo que los docentes estuvieron sobrepasados. Lo que no sabían hacer lo tuvieron que aprender de «prepo», y de un momento a otro, sumado a la incertidumbre de cuándo volvías”. Además de eso, explica que los docentes tuvieron que “llevar” la escuela a su casa, en donde cada uno tiene su familia, que a su vez tenían sus propias escuelas.  “En una misma casa, había muchas escuelas”, termina. Cuenta su experiencia en este sentido, diciendo: “En mi casa, por ejemplo, funciono un secundario nocturno, una escuela especial, un centro educativo terapéutico, dos facultades distintas, y un geriátrico, ya que mi marido trabaja en uno. Háblame de estrés”, ironiza.

Por último, explica que es lo que hace día a día seguir estando, a pesar del estrés, en todo este ámbito educativo: “Los chicos, todo lo que se hace por los chicos. Se trabaja por los chicos, se dejan de lado cosas por los chicos, para que sigan teniendo una oportunidad de estudiar y de superarse”. “A pesar de todo, sigo eligiendo esta profesión, aunque me gustaría que fuera más organizada, y tengo el respeto a la idea de que cada uno hizo lo que pudo en el contexto actual”, finaliza la frase.

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