No se pudo dar vuelta

Era pleno mediodía cuando la policía comenzó a cortar el centro. El acto comenzaba las 19 y la tensión en el ambiente se podía percibir a kilómetros

A las 18.30 decidí que era el horario perfecto para sumergirme junto a mi amiga, en aquel mar de personas con banderas, remeras de Argentina y vuvuzelas, parecía como si hubiésemos ganado el mundial. Mientras me adentraba, sonaba una versión cumbia de la introducción de la famosa serie Stranger Things, ahi supe que iba a ser bizarro. Esperamos casi una hora hasta que comenzara el acto al ritmo del jingle de campaña de Macri “Se da vuelta”, lo que no sabíamos es que lo íbamos a escuchar más de diez veces a lo largo del evento.

Al lado de la plazoleta se encontraban los baños químicos y una curiosa mujer disfrazada de gato. Demasiados carteles se podían leer, la mayoría de ellos con los hashtag #SiSePuede o #LaVamosADarVuelta, los cuales fueron inmortalizados en stickers que inundaban la ciudad y la frente de la cara de muchas señoras, si, la frente. Había una gran variedad de carteles, unos que que hacían alusión a que vamos a terminar como Venezuela, otros con  fotos de Cristina Kirchner con traje de rayas, como un preso y otros con frases como “hay que votar al gato para que mate a las ratas”.

Estaba por comenzar el acto y se podía escuchar la canción “Si me voy” de Rombai, una ironía que nos dio ganas de felicitar al musicalizador.  Hacia las 19.30 comenzó el acto con el senador Luis Naidenoff, Hernán Lombardi y los gobernadores Gerardo Morales (Jujuy), y Gustavo Valdés (Corrientes), juntos comenzaron a gritar “Si se puede” múltiples veces, hasta que comenzó a sonar el Himno Nacional. Posteriormente subieron al escenario los candidatos a diputados nacionales. Por Córdoba, Luis Juez dio un pequeño discurso donde dijo: “Para que gane el gato, hasta el perro tiene que votar”. El jingle de la campaña dio pie para que entre Mario Negri junto a Miguel Ángel Pichetto, este último fue muy poco aplaudido a comparación del resto. Negri procedió a pedir que le cantaran el feliz cumpleaños a Pichetto, lo que el público cumplió muy eufóricamente a pesar de no haber festejado su llegada, parece que cantar el cumpleaños no se le niega a nadie.

El diputado dio un discurso arremetiendo contra los candidatos a presidente y vicepresidenta del Frente de Todos, en el que aseguró: “no va a volver el autoritarismo a la argentina” y “son lo mismo”. Mientras tanto, el candidato a vicepresidente atacó al dirigente popular Juan Grabois, asegurando que “no queremos la reforma de la Constitución, ni la patria de Grabois con su reforma agraria”. Luego escuchar demasiadas veces la canción “Se da vuelta” y a la multitud gritando “Si se puede”, se podía observar a Pichetto sentado sobre el escenario junto a Negri, con cara de confusión y mirando constantemente hacía el costado donde se encontraban los organizadores, Macri llegó tarde de nuevo, ¿se habrá quedado dormido?.

Sonaba Gilda y Rodrigo, se veia como un casamiento y Marcos Peña se animó a bailar. El reloj daba las 20 y se podía observar a la gente mirando constantemente hacia atrás, parecía como si algo estuviese por acontecer. Efectivamente, un inflable gigante de la ex presidenta con un traje a rayas, un bolso de dinero y un títere de Alberto Fernández emergió entre la multitud entre aplausos y gritos. Pero no por mucho tiempo, ya que el viento feroz provocó que tuviesen que desinflar ese monumento al odio.

Media hora después de esa escena, el presidente finalmente llegó junto a su esposa, ambos fueron cálidamente recibidos. Posteriormente pidieron que le cantaran nuevamente  el feliz cumpleaños a Pichetto. Durante su discurso, el actual presidente jugó mucho con su apodo de gato para decir frases en tercera persona: “El Gato no se quiere ir de Córdoba”, y otras aludiendo al amor que tiene por nuestra ciudad: “Las otras 6 vidas voy a volver a Córdoba con ustedes”, “me quedaría toda la noche acá”, “los amo con locura”. Luego de su discurso motivacional de casi media hora, Macri se despidió y pidió que no bajaran los brazos. Sonó nuevamente el himno y la gente comenzó a gritar “el gato no se va”.

Una vez culminado el acto de cierre, la multitud comenzó a disiparse y los vendedores ambulantes reforzaron su intensa tarea. Cerca del Buen Pastor nos cruzamos con un hombre vendiendo pañuelos amarillos con el spot de la campaña, una vez lo tuvimos en frente nos quiso convencer de comprar uno como “recuerdo”, ya que, entre risas, no vuelven más.

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