¿Mandatarios legítimos?

¿Mandatarios legítimos?

 

Estamos en presencia del segundo mandato continuo del radicalismo en la capital cordobesa. Ramòn Javier Mestre se consagro ganador entre trece candidatos que se postularon a la intendencia. Lo significativo del sufragio fue la gran cantidad de postulantes que se presentaron, lo que nos tienta a pensar que en definitiva no es altamente representativa de la voluntad del “demos” la segunda asunción de la nueva fórmula “Cambiemos”. El punto de vista que se debe tener en cuenta, es, principalmente, que la mayoría de los sistemas electorales deberían presentar formulas que legitimasen el mandato del candidato ganador. No obstante, debe conservarse la pluralidad, posibilitando siempre la presentación a las elecciones de todos los candidatos que tengan propuestas válidas.

Luego del domingo electoral, las sensaciones fueron varias y entre ellas una muy recurrente. Si uno charlaba con un amigo, si debatías con la gente acerca de los resultados, si navegabas las redes sociales, era repetitivo el mensaje de enojo sobre la reelección del candidato radical. “Después no se quejen”, “los ciudadanos no aprenden más”, fueron de las frases más utilizadas. Entonces, es pertinente el siguiente análisis en torno al domingo electoral: si tantos ciudadanos están desconformes, ¿quién voto realmente a Mestre?

Para dar una explicación lógica a este escenario es importante definir qué efectos provocan en el candidato y en la ciudadanía los sistemas electorales. En términos del doctor Guillermo Molinelli, los ciudadanos eligen a sus gobernantes, por medio de elecciones, las que a su vez requieren algún sistema electoral que traduzca votos en bancas. En esta definición, las “fórmulas electorales” constituyen un elemento importante en el sistema utilizado. Es posible seguir sosteniendo que la fórmula de “Pluralidad simple” aplicada a los candidatos a Intendente y Vice-intendente en nuestra provincia, no permite que el mandatario se maneje en una base de legitimidad significativa. Es así que, trasladándonos a nivel nacional, los intendentes electos gozan de un pueblo mucho más convencido de los resultados, a pesar de que un gran número de ciudadanos no se identifique con el gobierno vigente.

La legitimidad del poder se divide, según el sociólogo Max Weber, en tres tipos: la tradicional, la carismática y la legal-racional. Dentro de la democracia representativa argentina, es pertinente el último tipo de legitimidad, que presupone un sistema de elecciones que, mediante el respaldo de la ley, permita a los candidatos ganar con un amplio consenso el “poder”, o mas bien el derecho de convertirse en representante.

Es necesario aclarar que los sistemas electorales son sólo uno de los tantos elementos que definen el más eficiente sistema político. En consecuencia, ningún sistema electoral es una traducción realmente fiel de la voluntad ciudadana. Siguiendo esta lógica, no es la intención final de este escrito establecer la “mayoría absoluta” aplicada a nivel nacional, como la fórmula electoral más eficiente de todas. Eso sería limitar las posibildades, sin duda. Lo que se intenta en estas líneas es advertir a la ciudadanía el derecho que posee de tener como mandatarios personas que posean una representatividad importante. Es necesario, por ello, que los sistemas sociales provean a la clase política del sentimiento de representatividad durante el ejercicio de sus funciones, el cual debería traducirse finalmente en la mejor forma de dar respuesta a lo que los ciudadanos realmente quieren y necesitan de un representante. De esto deriva la real ampliación de los derechos del ciudadano; debate importantísimo que no es posible ampliar aquí, pero que merece, sin duda, otro artículo para debatirlo.

 

Demos: pueblo.
Guillermo Molinelli define la Pluralidad simple de la siguiente manera: “gana quien simplemente obtiene más votos que los demás individualmente considerados, individualmente de porcentajes, diferencias, etc.”

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