La lucha con fervor y perpetua al represor

La sentencia de la megacausa La Perla y Campo de La Ribera, desde la vivencia de una chica de 20 años. 

Busqué mi pañuelo blanco, el prendedor de mi abuela y emprendí el camino que durante muchos años me llevaba a la escuela. Pero esta vez, tenía un color distinto, un sentido distinto.

Los duraznos del barrio de zona sur, dibujaban un paisaje de primavera aun estando en la estación más fría del año, como si de eso se tratara, las calles casi vacías, el silencio y uno que otro auto de prensa, me recordaban cada algunos pasos el motivo de mi andar y mis pensamientos allá, con ella, festejando, emocionada, hablándole sabiendo que, desde donde esté, me estaba escuchando y me acompañaba a otro juicio, otra vez a tribunales a festejar.

Las calles de alrededor del gran edificio se encontraban valladas impidiendo el paso de los autos.

Por la avenida me encontré con un escenario, el cual me daba la bienvenida a mí y a tantos otros; de sus parlantes se iba a escuchar el motivo por el que todos estábamos allí, la esperada sentencia a los genocidas por el caso del campo de concentración  La Perla y campo de la Ribera.

Niños, adolescentes, adultos y viejas/os, se empezaban a concentrar alrededor de las 10 de la mañana calurosa del 25 de agosto; con carteles, música, expresiones artísticas y emociones, “estaba en mi salsa” como quien dice.

A las 10:30 se prendieron los micrófonos donde Emilio Pihen de la agrupación H.I.J.O.S. como en cada marcha y cada encuentro toma la palabra y rompe con los silencios, con su voz potente dio la bienvenida e invitó a acompañar  a la marcha que venía desde calles más abajo, porque para no perder la costumbre a la sentencia se llegó marchando.

Las filas de sillas frente al escenario se iban ocupando rápidamente, cada una contaba con una foto de desaparecidos.

Los bombos, las canciones y los claveles rojos iban copando el lugar, por donde se mirara. Las clásicas guirnaldas con los rostros de las víctimas del genocidio de aquella época, parecían sonreír una vez más, se aproximaba el momento tan esperado.

Desde el escenario se comenzaban a recordar uno por uno los nombres de jóvenes a los que intentaron destruir pero que hoy, estén donde estén, se encuentran aun de pie, luchando y festejando por cada represor asesino que se sienta en la silla de acusado y condenado.

Luego de un repaso de los nombres de los procesados y sus cargos públicos en la época oscura, se llamó al silencio de los canticos, gritos y repudios, para dar comienzo a la transmisión del juicio; la pantalla gigante que se ubicaba en la sombra del escenario, haciendo contraste con el imponente sol que hacia brillar aún más la postal; mostraba lo que estaba pasando adentro del edificio federal.

Alrededor de las 11:45 comenzó la lectura de mano del juez Jaime Díaz Gavier; el primer condenado Luciano Benjamín Menéndez; la primera perpetua de todas las que quedaban por delante y el fervor del pueblo, la emoción y el festejo no tardaron en llegar.

Lágrimas, sonrisas, abrazos brotaban de cada uno de los que estábamos allí, 10.000 (diez mil) cuerpos formaron parte de lo que fue una sentencia más, una lucha superada más y así con cada uno de los por fin condenados.

Llegando las 13 horas los 30 grados que hacían parecían ser inmensamente superados por el calor de la fiesta. El juicio se dio por terminado.

Las voces aún más altas, los puños más tranquilos sintiendo que esa batalla ya estaba ganada se mezclaron con los rostros colorados y los aplausos.

A las 13:30 todos y cada uno entonaron con orgullo y emoción el Himno Nacional argentino, en alusión a que se hizo justicia.

La fiesta recién empezaba, se recibió en el escenario a las Abuelas que demostraron una vez más, que no las han vencido y el agradecimiento al pueblo que las acompaña, entre ellas Sonia Torres, quien en su corto discurso, alzó su cabeza y le dijo a su hija Silvia y a su yerno Daniel: “A donde quiera que estén les cuento que he recorrido la mitad del camino y no voy a parar hasta encontrar a mi nieto”, las lágrimas de quienes sentimos parte de nosotros la lucha caían inconteniblemente, los abogados, los sobrevivientes de La Perla, todos con palabras de agradecimiento y fuerza.

El coro de los sobrevivientes de La Perla, entonaron en el marco del cierre del encuentro alrededor de las 14:30.

Dándole un punto final al encuentro, cada uno de los que fuimos parte de este día, emprendimos caminos distintos pero todos con la sonrisa en común, en Córdoba se hizo justicia y la emoción no lo disimula.

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