«El Proyecto Artigas es un surco en la tierra de los privilegios”

Por Gisela Díaz

La entrevista ocurrió en un café del centro de la Ciudad de Córdoba, cerca de las 20. A causa de los protocolos que exige la pandemia solo hubo una hora para el reportaje pero fue posible generar un clima de conversación fluido e informal. Julieta es militante del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) de Córdoba del Frente Patria Grande. Está finalizando su tesis para concluir la Licenciatura de Comunicación Social. Además, trabaja como comunicadora popular dentro de proyectos e iniciativas de estas dos organizaciones. En esta ocasión habló sobre el Proyecto Artigas, iniciativa llevada adelante por Dolores Etchevehere y el dirigente social Juan Grabois, quien además es el abogado en la causa penal.

¿Cómo nace el proyecto Artigas? ¿Cuáles son sus metas y objetivos?

-El Proyecto Artigas nace con el ideal de la recuperación histórica del patrimonio de Dolores Etchevehere, que es la única hija mujer de una familia de tres hermanos, a quien sus hermanos varones siempre le vulneraron sus derechos patrimoniales. En este sentido, desde 2009, momento en el que muere su padre, a Dolores la excluyen de los derechos de herencia de la familia. Al ser una mujer rural, que estaba fuera del sistema bancario, no informada correctamente acerca de  sus derechos, sus hermanos Luis Miguel y Juan Diego iniciaron un proceso legal para redistribuirse la herencia entre ellos.  

El Proyecto Artigas tiene sus raíces en la vulneración de los derechos de Dolores Etchevere y de los derechos de millones de familias campesinas de la Argentina que han sufrido y sufren violencia por parte de grandes terratenientes que al tener contactos y mucha mas información legal, han logrado ganar muchas batallas sobre el derecho a la tierra. Este proyecto subsana no sólo una recuperación histórica relacionada al derecho a la tierra sino también relacionada a los territorios feministas.

La organización del proyecto lleva el nombre de un icono en la lucha (Artigas) por el derecho a la tierra y los derechos campesinos, y tiene como principal objetivo, el acceso a la tierra, techo y trabajo. A la posibilidad de miles de familias de tener una tierra para vivir y producir, saliendo de los esquemas tradicionales de producción agropecuaria que existen en la Argentina, nucleados en provincias como Entre Ríos.

La meta fundamental del proyecto es la lucha por la transición del agro negocio a la agro ecología y de la alimentación basada en agro tóxicos a una alimentación basada en la soberanía alimentaria, en la producción de alimentos orgánicos y eco sustentables o amigables con el medio ambiente. A pesar de tener muchos frentes abiertos el mensaje de este proyecto es que en la Argentina no falta tierra para producir y que el modelo del monocultivo no es el único posible; sino que existen otros modos más justos, equitativos, horizontales y hasta incluso más cooperativos, que no solo reducirían la brecha entre las familias de campesinos y terratenientes sino que también mejorarían los niveles de salud y de nutrición.

¿Quién es Dolores Etchevere? ¿Qué reclama?

Dolores es la única hija mujer de una de las familias más poderosas de Entre Ríos:  la familia Etchevere. Es una mujer que nunca estuvo relacionada a los negocios de la familia, por el hecho de haber nacido mujer, y porque sus hermanos fueron quienes más se dedicaron a la política, a las negociaciones patronales, en especial a la sociedad agraria argentina. Estos contactos familiares además de generar un gran patrimonio familiar fueron los que le permitieron a los hermanos de Dolores excluirla en el año 2009 cuando muere su padre.

Dolores nace como un personaje político o reconocido, a partir del enfrentamiento que tiene con su hermano Luis Miguel a pesar que siempre había sido una mujer con mucha impronta social, comprometida con causas humanitarias. Su reclamo no solo forma parte de un reconocimiento patrimonial y legal sino de la indignación de Dolores Etchevere de formar parte de una familia que se encargó de vulnerar sistemáticamente los derechos de mucha gente, de robar tierras, de enriquecerse ilícitamente, de usar la política como una plataforma para saltar al éxito de una empresa o del desarrollo agropecuario. La demanda de Etchevere contra sus hermanos tiene en el corazón de su propósito comenzar un proyecto que transforme las bases sobre las cuales estamos acostumbrados y acostumbradas a vivir, a consumir alimentos transgénicos, a vivir con el agua y con el aire contaminados, a pagar precios elevados por un alimento, y sobre todo a que sean siempre los sectores sociales marginalizados quienes tengan que poner más de su parte para ganarse el pan.

¿Cuáles son los desafíos que implicó la creación y puesta en marcha del proyecto?

Desafíos fueron los que más hubieron. Por un lado, porque sabíamos que nos enfrentábamos a una de las familias más poderosas de Entre Ríos. Poderosa no solo por el capital que posee sino por los contactos, por la relación que tienen sus hermanos con políticos que apoyan este modelo agro industrial.

El primer desafío estuvo en la lucha legal por demostrar que Dolores era la heredera legítima por herencia de nacimiento de ese patrimonio que estaba sujeto a un montón de negociados ilegales producto de la falsificación de firmas y documentos, la falta de declaración ante unidades fiscales como la AFIP de los patrimonios que tenía la familia. Dentro de este conflicto legal de intereses sabíamos que los jueces iban a tomar diferentes posiciones y que estaban sujetos a las presiones familiares y «patoteras» del campo.

Otro desafío importante que tuvimos, que también fue parte de un objetivo del proyecto fue, fue cómo encarar esta toma de tierras ilegales a los ojos de sus hermanos, de la forma más transparente posible entendiendo que había muchas consideraciones legales que teníamos que tener en cuenta para que no se determinara que había sido una usurpación sino que pudiéramos visibilizar que Dolores estaba ingresando a su casa. La vivienda donde ella había crecido y se había formado con una llave que tenía como tenemos todos de nuestras casas. Ese fue el puntapié que nos llevó al tercer desafío, que hasta ese momento no nos habíamos planteado, pero que la agenda de medios nos impuso: crear un plan de comunicación en conjunto con las personas del proyecto Artigas, con Dolores, con el equipo de abogados y abogadas, incluso con otras organizaciones sociales para poder realizar una cobertura transparente que nos permitiera contar desde adentro, desde la primera semilla hasta el fin del proceso legal de recuperación de tierras.

En la puesta en marcha del proyecto hubieron otros desafíos que fueron apareciendo casi de casualidad y que muchas veces nos frustraron porque organizar y planificar un proyecto significaba para nosotras y nosotros tener todos los cabos atados, saber cómo reaccionar, estar preparados para cualquier jugarreta que pudieran hacer estas familias y estos jueces. Pero sin embargo estos desafíos nos siguieron apareciendo y muchas veces tuvimos que improvisar sobre la marcha.

¿Cuáles son los antecedentes o precedentes de base del armado y la aplicación del proyecto Artigass?

Hay muchos antecedentes para pensar un proyecto y más dentro del MTE, entendiendo que es una organización que tiene una pata muy fuerte anclada a lo rural. Creo que uno de los precedentes que nos dejó tranquilos, fue que sabíamos cómo producir porque hablábamos con familias campesinas que habían trabajado toda la vida la tierra; y no solo eso, sabíamos cómo armar cooperativas y como hacer funcionar la tierra que tuviéramos, el lugar que nos dieran. Fue ese nuestra área de confort, confiar en años y años de producciones agro sustentables bajo una lógica distinta a la del cultivo de la soja. Veníamos trabajando con otros proyectos como el deSan Martín, que estaba más enfocado en la urbanización de los barrios populares y en el trabajo en villas miserias. Pasar de la ciudad al campo fue un desafío que no hubiésemos podido lograr sin esta organización popular.

Hubo muchos motivos que fueron también para nosotros un precedente para tomar la iniciativa de este proyecto, como por ejemplo, la violencia económica que había sufrido Dolores, los abusos de poder, las amenazas y todos los actos intimidatorios, la falsificación de firmas, la extorsión, el trabajo esclavo, los cobros de dividendo. Siempre utilizando las posiciones como funcionarios de la Sociedad Rural, y muchos otros motivos que rebalsaron el vaso y que estuvieron relacionados a la usurpación de tierras fiscales tanto públicas como privadas.

El proyecto Artigas tuvo como base fundamental las organizaciones del Frente Patria Grande pero, ¿qué puentes pudieron construirse con otras organizaciones del campo popular?

-Y hubo muchas organizaciones que se acercaron en el momento en que inició el proyecto. El Proyecto Artigas no era un proyecto exclusivo del Frente Patria Grande. Con esto quiero decir que hubo muchos movimientos sociales en la planificación y en la puesta en marcha del Proyecto Artigas. Pero cuando se hizo efectivo se acercaron muchos personajes públicos, a dar una mano, a saludar, a dar su apoyo, incluso a trabajar. Muchos medios comunitarios, medios oficiales también se acercaron, profesionales del derecho, legisladores, legisladoras, profesionales relacionados al cuidado del ambiente como fue el caso de Bruno Rodríguez, militante del cambio climático, de la organización Jóvenes por el clima. También estuvo el Diputado Federico Fagioli, quien  siempre está presente en las marchas, en las movilizaciones, en los proyectos, en las asambleas. Se acercó mucha gente tanto haciéndose presente en Casa Nueva como enviando cartas de apoyo, vídeos, mensajes. Estas construcciones que fuimos nucleando dentro del proyecto Artigas le fueron dando el sabor y el color que estábamos buscando con esta iniciativa.

¿Cuál fue el principal conflicto desde la toma de tierras hasta su final desalojo? ¿Cómo se vivieron las horas más importantes desde el exterior?

En realidad hubo tantos conflictos que no se si puedo elegir uno como el principal. Creo que el que más nos generó terror, fue, como lo llamábamos en la interna, el de la “patota Etchevere”. Habiendo compañeroso dentro y fuera de la estancia recibíamos el minuto a minuto de cómo las presiones se iban incrementando con el paso de las horas. Creo que en particular fueron tres o cuatro audios que se filtraron (hace un gesto de comillas buscando complicidad) de un grupo de WhatsApp de familias de la zona allegadas a los hermanos Etchevere, que nos amedrentaban para retroceder, para dejar la casa. Ese fue para mi el principal conflicto, más que nada interno, a causa del miedo que nos generó saber que afuera de un alambrado había una «patota», y que esa «patota» estaba tan respaldada que tenía la potestad de decir que nos iban a cagar a tiros.

Fueron pocos días dentro de la casa. Sin embargo, cada hora y minuto eran decisivos en el rol que estábamos jugando ahí adentro. Si éramos «usurpadores» o no. Si era posible una extorsión a los jueces que habilitara una represión masiva o si simplemente iban a entrar con sus camionetas en medio de la noche cortando alambrados y nos iban a sacar sin derecho a réplica. Pero fue la figura de Dolores la que nos mantuvo cuerdos a todos, por tener esa forma tan auténtica y transparente de decir las cosas y por sentirse tan parte de este proyecto como nosotros,. El rol de Dolores Etchevere fue fundamental para quienes estábamos dentro del proyecto pero fuera de la Estancia Casa Nueva.

¿Cómo fue el trabajo de comunicación desde el interior y desde el exterior de la Estancia Casa Nueva? ¿Qué aspectos legales fueron imprescindibles para lograr una comunicación eficiente sin interrumpir el proceso legal que se estaba llevando a cabo?

-Fue básicamente lo mismo, eramos dos equipos distintos pero habitábamos un mismo proyecto. Entonces todo lo que pasara adentro o lo que pasara afuera nos impactaba de la misma manera. En el equipo exterior, en donde estaba trabajando yo, eran horas muy complicadas porque había que armarse de mucha paciencia ya que todo lo que salía por las redes del Proyecto Artigas tenía que estar sujeto a una revisión, para que no existiera una traba legal por haber subido alguna foto o vídeo. El equipo que estaba adentro tenía pocos recursos pero a su vez tenía lo más rico en materia comunicacional, diputados, dirigentes y a la propia Dolores las 24 horas del día disponibles. Era algo único que sabíamos que no se iba a volver a repetir. Sin embargo, no eran las mismas condiciones que tenía el equipo de afuera, quienes nos dedicábamos más a revisar el impacto político y comunicacional que estaba teniendo el proyecto.

Desde mi perspectiva los que estábamos afuera, incluso en otra provincia, la pasamos igual de mal que los que estaban adentro, no solo porque dependíamos de que nuestros compañeros tuvieran sus teléfonos cargados y a mano para poder respondernos rápido, sino porque muchas veces éramos los portadores de las peores noticias:  “che en tal medio está saliendo el hermano de Dolores y está hablando de usurpación o de ocupación ilícita”. Todos pusimos mucho esfuerzo para expresarle a la gente que estaba fuera del proyecto cuáles eran nuestras metas y objetivos, y sobre todo para mostrar cuál era nuestra lucha y nuestro papel en la Estancia Casa Nueva. A pesar de que todavía no tenemos un balance muy claro sobre ese esfuerzo, creo que coincidimos como equipo en que nuestra batalla comunicacional no fue contra los Etchevere sino contra los medios masivos de comunicación y las fake news.

¿Cómo sigue el Proyecto Artigas fuera de Casa Nueva? ¿Hay otros planes de desarrollo por fuera de esa estancia?

El proyecto Artigas continúa aún sin tener un lugar de base para trabajar. Por un lado, desde el plano legal, a través del cual seguimos trabajando para poder visibilizar la corrupción de los hermanos de Dolores y sobre todo sacar a la luz un pacto que ha existido siempre en la Argentina entre las clases más poderosas. Sobre todo un pacto de varones que siempre ocupan los espacios más importantes. Además seguimos luchando por profundizar las discusiones con relación a la tierra, el techo y el trabajo, y sobre todo, seguimos peleando por la recuperación de las tierras de la escuela agrotécnica número 151 que queda en el quebracho, y que formó parte también de esta restitución histórica de tierras robadas por terratenientes.

Ayer incluso, se estrenó un documental que cuenta un poco la historia del proyecto, la lucha interna entre la familia y el hostigamiento constante hacia Dolores, y pone sobre la mesa algunas de las estrategias que pensamos imprescindibles para seguir dando este debate como parte del proyecto Artigas, un proyecto que abrió un surco en la tierra de los privilegios.

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