De la revisión a la democratización, desafíos del futuro cordobés

Las elecciones municipales llevadas a cabo, permiten una revisión sobre la representación electoral de nuestra historia reciente.

Martin Raimundo señala: “a un sistema electoral se le puede plantear distintas exigencias, entre las cuales las más importantes son la representación, la efectividad y la responsabilidad.”

Los dos partidos con mayor caudal de votos en los contienda por la intendencia, Ramón Mestre –Cambiemos- con el 32% y Tomás Méndez – Movimiento ADN – 23% respectivamente, representan un retroceso en la representatividad.

Desde la vuelta a la democracia los pisos electorales de los aspirantes al municipio superaron ampliamente el porcentaje de votos obtenidos por Cambiemos y ADN, el pasado fin de semana.

La diferencia se evidencia si hacemos un recorrido en la democracia capitalina.

1983: 94%  (Mestre – De la Sota)

1987: 89%  (Mestre – Balestrini)

1991: 91% (Martí – Taboada)

1995: 76% (Martí – Albrisi)

1999: 89% (Kammerath –  Negri)

2003: 78% (Juez –  Keegan)

2007: 63% (Giacomino – Campana)

2011: 64% (Mestre (hijo) – Riutort)

2015: 55% (Mestre (hijo) – Méndez)

 

El hecho de que el 45% del electorado no haya optado por el partido radical o el reciente Movimiento ADN, implica diversos factores que van desde la campaña negativa hacia la gestión reelecta hasta la oferta de aspirantes al municipio.

El saturado calendario electoral implicó un necesario modelo de sufragio, la boleta única, fórmulas electorales con personalidades reconocidas y estrategias de publicidad y propaganda que coparon el ambiente urbano.

Entre los elementos que determinaron la apuesta de los vecinos influyó, el caudal de listas presentadas, la política del efecto arrastre con figuras presidenciales, la financiación de las campañas como también la dicotomía entre “gestión” y “lo nuevo”.

A pesar del bajo caudal de representatividad lograda por Ramón Mestre, 7 de cada 10 cordobeses desaprobaron su gestión, el frente Cambiemos se aseguró la mayoría automática del Concejo Deliberante, 16 de 31 bancas, gracia de la Carta Orgánica Municipal. El hecho instala debates a futuro. Pensar la democracia capitalina amerita incorporar el sistema D’Hont, desterrando esta práctica mixta.

 

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