Actuar y dirigir, labores con compromiso

EL director y actor Fernando Zabala nos cuenta sus comienzos y su trabajo actualmente.

 
Presentó numerosas obras de teatro como director y actor, es un profesional que se auto gestiona y junto a su mujer, Susana Martínez, recorren la salas de teatro independiente. El año pasado uno de los actores de su obra Hay que Dejarlo Jugar, Sebastián Salomón, fue nominado como mejor actor revelación en los premios provinciales al teatro. En sus proyectos convoca a actores de distintas procedencias para los diferentes papeles que ofrecen sus obras. Por estas semanas está presentando Se Despide el Campeón en espacio Urda, 9 de julio 739, los viernes de mayo a las 21:30 horas, su grupo se llama Teatro Teatro.

Contame un poco sobre tu formación desde el comienzo hasta estos días, ¿cómo te has ido formando actoralmente?

Yo siempre digo que soy un autor que actúa y dirige sus propias obras. Empecé mi formación actoral de muy pibe, a los 15 años en Rio Tercero, en un taller de teatro bajo la dirección de Elver Ressa. Después me fui formando con distintos grupos hasta llegar a la facultad, la licenciatura en teatro y luego en la escuela de Manuel González Gil, donde ahí me recibí como actor, y veíamos cierta cuestión de dirección y de dramaturgia. Entonces a partir de ahí es mi formación y el oficio mayormente que hay arriba del escenario.

Particularmente en esta obra que estas presentando en espacio Urda, Se Despide el Campeón. ¿Cómo fue el proceso para llegar al resultado final?

En realidad a veces el resultado final no es ni en la primera, ni en la segunda, ni a veces en la tercera. Quizás el proceso es más largo, lo que pasa es que la obra va cobrando cuerpo y voz a medida que van pasando las funciones. El proceso partió prácticamente de una noticia que me llego de un boxeador embalsamado, lo velaban erguido en un cuadrilátero improvisado en Puerto Rico, y por otro lado otra noticia que me venía dando vueltas en la cabeza que era sobre dos empleados en una fábrica de polietileno que tenían una relación homosexual que rozaba lo familiar y lo rozaba con cierta tragedia, entonces se juntaron los dos caminos, se juntaron los dos ríos y termino siendo Se Despide el Campeón.

¿Como fue la elección de la música en la obra?

Pasamos por la música de cumbia de Amar Azul, El Nuevo Campeón, pase después a otras músicas más y en un momento iba a empezar con la música de sala de Piazzola. Por esas cosas de la vida, me pasa con muchas obras ya que a veces voy en un viaje escuchando algo, o lo vi en la tele, escuché la melodía de Melingo, corazón y huesos se llama esta versión. y dije ah esto va como trompada. Se lo consulte a mi señora, le consulto muchas cosas a ella y me dijo si, yo también me lo imaginaba mucho con ese tipo de música sobre todo por la nostalgia que tiene la canción. La letra hace referencia a una ilusión que se sigue, esa ilusión que no se sabe por dónde va y básicamente fue esa la elección musical.

¿Tenes colaboradores?

Tengo a mi esposa por un lado que me mira de afuera. Cuando yo escribo trabajo con un espejo y leo en voz alta, entonces es como una suerte de ensayo cada vez que lo corrijo y elaboración permanente. Decidí trabajar con un espejo grande que tengo en casa y trataba de verme y por supuesto como te decía la asistencia de mi esposa es mirarme también, desde una mirada menos profesional que tiene la dirección teatral. Creo que esta bueno de alguna manera experimentarlo, sin apelar a reemplazar al director, porque yo soy el director de hecho, si no simplemente de crear una manera, una posibilidad de auto dirigirme que es compleja pero que tiene ciertos resultados que con el tiempo se van ajustando cosas y se van trabajando.

Con respecto a tu formación en la U.N.C. ¿qué recuerdos tenes de esa formación?, ¿seguís formándote actualmente en la misma y que experiencias tuviste en ese paso?

Muy buena, la mejor, de todas las escuelas a las que fui la mejor. En el caso de la Licenciatura en la universidad, recordar a queridos profesores, entrañables, Dardo Alzogaray, Roberto Videla, Jose Luis Valenzuela y Ana Yukelson. Muchos que todavía están y que estuvieron. El querido gran profesor que fue Beto Langianni, que murió hace unos años, profesor de plástica, mira que yo era muy nabo para hacer títeres, el tipo hacia que un nabo haga un títere. Se nos fue muy joven, lo sentí bastante porque era un buen tipo también. Recuerdo de haber estado con muchos compañeros, que veo hoy, que no me cruzo con frecuencia pero que sé que están haciendo teatro y que la están remando como uno. Ese teatrino, esa gente encimada en los fogones, sobre todo del 2001 me acuerdo cuando querían cerrar la universidad. Los mejores recuerdos entremezclados en la universidad. No sigo ligado a la universidad pero si trato de hacer muchos seminarios, de dramaturgia, de dirección y trato de tener una formación permanente. Hay un gran maestro en este momento, uno de tantos influyentes, como Mauricio Kartun, también Roberto Cossa y Carlos Gorostiza. En el caso de córdoba, miguel Iriarte. Digamos que la influencia es muy variada y también tengo recuerdos de esa gente que alguna vez pude conocer y frecuentar.

En las anteriores obras que has estado presentando el año pasado como Hay que Dejarlo Jugar, veo que hay algo que puede ser recurrente en tus obras, que es hablar del deporte. ¿Es un tema que te gusta tratar o es casual?

Esta es en realidad la tercera obra donde hay algo referido al deporte. Te la hago breve. Hay una que se llama; Tanque Olímpico y que trata sobre un muchacho que quieren meter adentro de un tanque de la cooperativa e inventan toda una ficción en torno a eso. Inventan un deporte que se trata de meter a alguien adentro de un tanque y que representa el canibalismo y la miserabilidad. Con Hay que Dejarlo Jugar, otra vez utilizar el deporte como trampolín para profundizar sobre ese mismo tema pero en una suerte de obra que parte de un naturalismo que después se disloca y termina volviéndose una suerte de grotesco, esta cosa de utilizar el fútbol en este caso para decir otras cosas, para dibujar otras metáforas. En el caso de Se Despide el Campeón simplemente también quise dibujar de alguna manera lo que pasa en el ring, lo que le pasa a un entrenador de provincia pero con otros datos donde aparecen el boxeo como una cascara, pero más abajo hay otras capas mucho más profundas donde realmente la historia es como que se está anidando ahí abajo de esa cascara. Esto es lo que me gusta un poco utilizar en el deporte, agarrar el deporte como un medio para contar algo o para llegar a decir algo metafóricamente o humanamente posible.

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