A 40 años del golpe de Estado

El pasado jueves las calles del centro cordobés  contaron con más de 60.000 personas que marcharon recordando un nuevo aniversario del último golpe de estado. Encabezados por Abuelas de Plaza de Mayo y fundación H.I.J.O.S el evento culminó sobre la avenida Irigoyen con un escenario donde artistas darían el cierre a la fecha conmemorativa.

 

Son las seis de la tarde y las calles del centro de la ciudad comienzan a ser cortadas por cientos de personas que se dirigen al punto de encuentro que una vez más se da en Colón y Cañada. La consigna es imposible de ignorar, a 40 años de que la radio anunciara  que el país quedaba en control de las fuerzas armadas, a 40 años de la etapa más oscura que vivió la historia argentina, a 40 años de que se gestaran los agravios que denunciaría tiempo después la conocida frase por todos Nunca Más, parecen ser cada día más, jóvenes y no tanto, los que van a marchar codo a codo con las madres y abuelas que llegan con los achaques propios de la edad y de la historia que tuvieron que soportar. Sillas de ruedas y bastones escoltan a esas mujeres que inclaudicables encabezan una vez más la multitudinaria marcha que se repite cada 24 de marzo. A su lado caminan nietos y bisnietos que sonríen, orgullosos, contrastando la nostalgia y la bronca que genera recordar pero demostrando que la lucha siempre es motivo para alegrarse y que recordar no es solo reclamar sin descanso Memoria, Verdad y Justicia, si no que es conmemorar a aquellos que hoy no pueden estar a su lado.

Por delante de ellas, como una introducción a lo que sería una larga jornada en reclamo de justicia para los atropellos de ayer y de hoy, y una muestra de resistencia que destila rabia por la impunidad, caminan los familiares de victimas de gatillo fácil,  se alzan las banderas que rezan nombres que pesan, la agrupación Dario Santillán y Montoneros acompañan a los padres, hermanos y amigos de quienes perdieron a manos de la policía a un ser querido. Las paredes de la ciudad rápidamente son intervenidas y grandes pegatinas de las victimas de represión policial cubren las marquesinas del centro. Media hora más tarde los miles que se reunían sobre toda la Avenida Colón comienzan la larga procesión.

Es casi posible respirar la memoria y no faltan carteles que recuerden a los desaparecidos. Hay quien comienza a caminar en silencio, aquellos para quienes esta fecha es difícil de transitar, para quien el cartel que llevan sus manos no es solo una foto y una fecha, es una historia que nunca pudo cerrar, es un familiar, un amigo, que todavía permanece desaparecido. Es un silencio que se aturde con los cantos que pueblan todo el centro de la ciudad. Las banderas y los bombos acompañan con ese compás propio, argentino, clásico a la hora de marchar y reclamar.

La consigna es clara como también lo es el rechazo a la visita del presidente estadounidense. No hay quien desaproveche la oportunidad para pronunciarse contra la presencia de Barack Obama en una fecha que parece desafiar la memoria del pueblo argentino. Grandes carteles y hasta muñecos gigantes, contra él y el gobierno nacional maquillan las largas cuadras ocupadas por la marcha. El gesto de desclasificar archivos norteamericanos relacionados a la última dictadura militar no parecen ser suficiente compensación a 40 años de silencio cómplice. Así, con esa mezcla rara de algarabía y memoria, de bronca y júbilo, todos caminan alzando bien alto los carteles y las banderas, cantando para recordar, festejando que cada día son más. Los colores tiñen las calles por donde decenas de sindicatos, partidos políticos y agrupaciones de derechos humanos repiten los pasos que las abuelas marcan adelante.

Poco a poco el sol se va escondiendo y a la luz de la ciudad la marcha parece infinita. En el horizonte urbano se confunden las cabezas y las banderas, cada minuto que pasa parece sumar una persona más a la efervescente memoria que se dibuja en todos los rostros. Ocupando cada centímetro la Avenida Irigoyen se convierte en la última estación que visitaran quienes marchan. Frente al escenario reposa la multitud, delante las abuelas y madres descansan en sillas luego de haber caminado una vez más para demostrar que la lucha no terminó. Los cantos no cesan, pasaron 2 horas desde que comenzó la marcha y las gargantas no descansan. Imposible será acallarlas una vez que  por los altoparlantes se oiga el documento de la marcha en la ciudad de Córdoba. Luego, lejos de aplacar la masa que en ocasiones corea “Macri, basura, vos sos la dictadura” distintos artistas copan el escenario saludando a las abuelas, las madres y los desaparecidos a quienes homenajearan interpretando distintas canciones.

Son las diez de la noche y las calles aún siguen repletas, nadie es ajeno al grito de memoria que se hizo carne en jovenes y viejos. Bailan y cantan, recuerdan y no olvidan. La música inunda la avenida y recordar ya no es solo lamentar. El amor vence al odio, una vez más, donde miles reafirmaron Nunca Más.

 

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